Las noches llenas de concreto caminan por mis pies, siguiendo mi rastro dormido, que avanza calle tras calle, buscando algo que jamás he perdido. Las escaleras siempre tienen una línea ascendente o descendente que prefiero no cruzar y las ventanas me producen cierta curiosidad sedentaria de una habitación sin goteras. He llamado incansablemente pidiendo el auxilio de la muerte, pero no busco perecer en el intento de encontrar un recuerdo. En mi calle se cruzan muchos desalientos y también muchos desalentados. Muchos periódicos viejos con la tinta deforme, como hijos deformados del tiempo que sonríen al atravesar mi camino y yo humildemente los uso otra vez, aunque su funcionalidad parezca perdida, las goteras no piensan lo mismo.
Ahora que he salido no pretendo entrar, ahora que septiembre está derretido en mi cabeza la cubriré para siempre, el poco siempre que me queda, que siempre espero que no sea tanto. Y mi grito parece no escuchado, nunca me escuchas lo que hace que me miras desde esa tumba gris. ¿Me creerías si te digo que no podría reconocer al niño de los víveres? después de siete años sin una bebida, el vino le ha caído torpe a mi bastón y sigue siendo una posibilidad que ahora caiga bajo está gran tumba que yo llamo mi ciudad.
El silencio que se rompe a la madrugada siempre es un poco mas filoso que el silencio que no se rompe, la voz amplificada retumba siempre más y tu respuesta también es siempre mas tímida y profundamente más vacía, me hiela los huesos y también hiela los rincones y pasillos de la calle.
En la madrugada me cruzado con un hombre que cubre las calles con papeles escritos de su propia mano, de su propio ron, manchados con su propia sangre y callados por su propia voz, me dijo que no te llamara, que el tampoco podía escucharte, que a veces ni siquiera podía escucharse él, pero que yo había aturdido sus madrugadas de los miércoles.
Flores amarillas y septiembre, flores amarillas y miércoles, no he debido salir a buscarte, la luz de los faroles es una mancha demasiado borrosa para encontrar un recuerdo detrás de una lapida tan grande, que yo insito en llamar, mi ciudad.
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