Salir de los pequeños agujeros que se han convertido en nuestra vida, no resulta fácil, por el contrario es difícil de pensar incluso para los ojos, incluso para los míos que poco funcionan ya, La luz directa del sol, es algo que ya había olvidado un poco, incluso la sensación del aire en mi piel. Me asustaron un día los amaneceres rotos, la imagen de tu cuerpo que rondaba cada esquina y yo ya había perdido la intención de encontrarte una segunda vez, ya había perdido incluso la certeza de haberte encontrado una primera.
Elegí la cualidad de las piedras, de estar detenido, de ver pasar lo inevitable, la condición de estar un poco inerte, algo como un personaje de Albert Camus que acaba de matar un tipo árabe sólo porque hace calor, pero ya no me gusta recordar personajes de la literatura. Me pone un poco enfermo, pensar en ser concebido para sanar el sufrimiento de otro enfermo que se encuentra detrás de la hoja añadiéndole características a la desgracia de alguien. Tal vez por eso no escribí nunca mas una letra, porque me negaba a que te convirtieras en eso, en un papel que yo quisiera reconstruir para olvidarme de que estabas muerta. En mi cabeza eres una cómplice, en un papel no serías mas que una extraña.
La luz parcial que me acostumbre a mirar por las rendijas, se me antoja enorme hoy con esta puerta abierta, voy a esperar a que el sol este en otra parte, para sacar la llave de mi abrigo.
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